Capítulo 33. CEREBRO.

  Después de escuchar mi historia, todos nos quedamos un buen rato en silencio.

- Katmai -dijo finalmente Palabra-, ¿qué sintió al revivir esos días de su vida? ¿Cuál fue su emoción al enfrentarse de nuevo a la historia de Aod?

- Desprecio -contesté sin titubear-. Un profundo desprecio por los padres de Aod.

- Desprecio. Rabia. Miedo. Soledad -dijo Idkereda-... ¡vaya geroglífico! ¿Alguien sabe lo que significa?

- Palabra, ayúdenos -dije-, es imposible montar un mensaje coherente sólo con estas piezas.

- Usted lo ha dicho -me replicó el terkuma: sólo con estas piezas. Falta una pieza. Quizá por eso no entendamos el mensaje.

- ¿Qué pieza? -susurré, pensativo, mientras en mi interior se iba formando una sospecha.

Palabra y yo miramos al unísono por la ventana, hacia las ramas del árbol-torre, hacia la medusa portadora.

El cerebro vispoide reposaba bañado en una tenue luz fosforescente.

- Cerebro -dije.

- Falta el cerebro vispoide -dijo Idkereda.

- ¿Los vispoides tienen emociones? -preguntó Alkai.

- Creo que estamos a punto de averiguarlo -contestó Idkereda.

Justo en ese momento, uno de los dos vispoides narradores que había posados en el marco de la ventana dijo:

- Cerebro permiso acercarse.

Su voz era vibrante y siseante a la vez, como si no hubiera cuerdas vocales tras ella sino alas de insecto vibrando en el aire, y serpientes siseando en medio del calor del desierto.

- ¿Qué significa acercarse? -pregunté- ¿Cómo de cerca? ¿Por qué pedís permiso? ¿No está lo suficientemente cerca ya?

Se alisaron las antenas durante unos segundos. Sincronizados todos ellos. Tuve la impresión de que estaban reuniendo las palabras, combinándolas según la sintaxis adecuada, calculando nuestra respuesta.

- Acercarse, entrar habitación -dijeron finalmente-. Queremos decir emoción, como tú. Todos. No queremos... playa accidente... otra vez.

- Narrador -respondí-, tu dominio del idioma es malo... ¿utilizarás nuestro idioma para explicar emoción de Cerebro?

- Humano -contestó el vispoide narrador, esta vez sin titubear-, narrador no es nada. Narrador es boca Cerebro. Cuando tú hablas con Palabra no dices: boca de Palabra, ayúdanos. No dices. Narrador no es nada. Es boca Cerebro. Hablas con Cerebro. Humano, comprendes palabras... Torpes, sé, torpes, pero... comprendes... confirma.

Me di cuenta de que tenía razón: estaba hablando directamente con el cerebro vispoide, de la misma forma que cuando hablas con una persona no hablas con su boca y sus orejas; a estos órganos no les otorgas una identidad propia.

- Comprendo -confirmé-. Discúlpeme, Cerebro.

- Seguro mi forma repulsiva es para humanos -articuló el vispoide narrador-. Comprendo. Esperanza humanos superar asco. Mucho trabajo tenemos delante... juntos... futuro. Ustedes son... materia orgánica. Comestible... y yo no comer.

- ¿Era necesaria tanta sinceridad? -comentó Alkai.

Miré a Palabra.

- Por favor, no sean tan impresionables -intentó tranquilizarnos el terkuma-, está intentando ser amable. ¿No lo notan?

- ¡Por supuesto! -dijo irónico Idkereda-... ¡No comerse a tu interlocutor es una forma de mostrarle respeto!

- Espero -respondí por mi parte sin apartar la mirad del vispoide vispoide narrador- que no tengas que devorarnos para comunicarte con nosotros.

- Palabra -dijo el narrador girando su cabeza hacia nuestro anfitrión-, no entiendo humanos... por qué hablan de -zumbido incomprensible de alas de insecto-... Qué voluntad haber sus palabras... Qué querer decir.

Palabra habló en terkuma con voz firme y serena. No entendí nada de lo que dijo, claro, pero su voz era firme y serena, al menos desde mi punto de vista humano. Luego nos miró a nosotros y dijo:

- Le he dicho al ser que ustedes llaman Cerebro que no se preocupe, que están bromeando, que es buena señal, que les explique cómo se va a comunicar con ustedes.

- ¡Un momento! -exclamé- ¿De qué creía que estábamos hablando?

Palabra estrujó un poco la esponja de néctar entre sus cilios bucales antes de contestar. Creo que era un gesto equivalente a nuestro suspirar, algo así como si estuviera intentando no perder la paciencia.

- Hay especies en el Universo cuyos miembros... se devoran entre ellos para transmitir experiencias, para comunicarse. No hablan. Se comen.

- Fantástico -dijo Idkereda.

- ¡Joder qué asco! -bufó Alkai-, ¿podemos ir al grano de una vez por todas?

- Qué es “ir agrano” -preguntó Cerebro a través del narrador.


(Fín del capítulo 33. Capítulo siguiente)

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