Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2020

Capítulo 27. JUSTICIA.

                    Temí que ejecutaran a Surkoi ahí mismo. - ¡Palabra! -exclamó de nuevo Idkereda. Trae consigo se situó a mi lado, frente a Surkoi, Palabra permaneció muy cerca de él, pero se mantuvo en un segundo plano. - Palabra -insistía Idkereda. El aludido dejó de cantar y dijo: - Papá. Es un vocablo sencillo. Siempre y cuando los terkumas tengan papás. Y parece ser que sí: que tienen papás, y los llaman cuando tienen miedo. Joder, como los niños humanos. Temí que ejecutaran ahí mismo a nuestro piloto. Idkereda tenía razón desde el primer momento: nos parecemos mucho. Pero, por lo visto,  no lo suficiente. Si los terkumas se hubieran parecido un poquito más a los humanos, un gramo más, un milímetro más, probablemente eso es lo que habría ocurrido. Nos habrían ejecutado ahí mismo. Juicio sumarísimo y pelotón de ejecución. Probablemente, antes habrían linchado a Surkoi y nosotros seguramente ...

Capítulo 26. GUERRA.

  Atrapar a Surkoi no fue tan fácil como los terkumas se imaginaban. Sin duda las medusas tienen un olfato mucho mejor que el del mejor sabueso: son capaces de detectar una sola molécula humana en medio de una selva. Sin duda. Pero Surkoi lo sabía perfectamente y no dudó ni por un momento de que los terkumas usarían medusas para rastrearlo. Era consciente de que ocultar su rastro a las medusas era imposible, y por eso optó por su única opción viable: hacerse ubicuo. Fue su forma de desaparecer. Estar en todas partes. Por ese motivo no fue tan fácil atraparlo: porque repartió su rastro por toda la selva, al menos por toda la selva cercana. En cada senda que transitábamos, en cada rincón, en cada árbol y arbusto, charco y piedra. Células muertas de su piel, proteínas, pelos, sudor, saliva, lágrimas, excrementos, toda clase de señales químicas. La selva estaba llena de Surkoi, impregnada de él, y no había ningún gradiente claro que indicara en qué dirección iniciar la persecución. D...