Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2020

Capítulo 10. NUESTROS CUERPOS INDEFENSOS.

Cuando recuperé el conocimiento estaban todos mirándome. Supe que seguíamos en el barco. Busqué el sable. Lo encontré a mi lado. A pesar del aturdimiento, volví a ser consciente de nuestra situación. Mi corazón se aceleró. Tensé mis músculos. Me dispuse a luchar. La imagen de Idkereda en el interior de la medusa invadió mi mente. No podía quitármela de la cabeza. Me cegaba como la luz del sol, me producía tanto vértigo como el inconmensurable cielo azul que nos cubría. Me irritaba como la brisa, que no paraba de soplar contra las velas del barco y contra nuestros cuerpos indefensos. Sentía la garganta reseca, los ojos me escocían. Intenté tragar saliva. Fracasé. Hasta mí llegaban ruidos inconexos. Indescifrables. Parpadeé una y otra vez. Quería arrancar de mi cerebro la imagen de mi amigo flotando en el interior de la medusa. Intenté levantarme. Algo me frenó. Una mano en mi hombro. Idkereda. Enfoqué mis ojos en el rostro que tenía delante: el de mi amigo. Flotaba a pocos centí...

Capítulo 9. TERKUMA.

Había llegado el momento. El iris del incurdroid se estaba abriendo y en pocos segundos lo único que nos separaría de aquellos seres sería la fina membrana de adhesión. Nuestros anfitriones esperaban pacientemente en la cubierta del barco. Todo se había desarrollado según lo previsto. Habían aproximado la embarcación y luego la habían sumergido hasta que la cubierta había quedado unos metros bajo la superficie del mar. Después habían maniobrado hasta situarla justo debajo del incurdroid, en el interior del cual estábamos Idkereda y yo, esperando. Finalmente habían emergido de nuevo. El incurdroid había ascendido asentado sobre la cubierta principal del barco, entre el mástil mayor y la proa. Tras estas operaciones, no ocurrió nada durante unos segundos. Sentíamos cómo el oleaje nos mecía, y nada más. Luego oímos unos chasquidos y supuse que estaban asegurando el incurdroid sobre la cubierta, pero no vi nada, ni a nadie que se moviera por el barco. Cuando estaba a punto de intentar co...

Capítulo 8. EL SUEÑO.

Llevábamos horas nadando a contracorriente. El destino nos arrastraba hacia una catarata y nosotros nadábamos intentando alejarnos del desastre. Un montón de horas luchando contra el Universo, intentando doblegar su inercia a nuestra voluntad humana. Pero el Universo desbordaba nuestras previsiones, escapaba a nuestros designios, aplastaba nuestro insignificante poder humano. Había dejado claro que estaba mucho más allá de cualquier máquina que pudiéramos utilizar contra él. Controlábamos el fuego, sí, y el átomo y su núcleo. Incluso controlábamos la antimateria y el salto Aleph a través del espacio-tiempo, pero ni siquiera eso era suficiente para reconducir las circunstancias según nuestros intereses. Llevábamos demasiado tiempo contemplando cómo nos salvábamos en el último momento gracias a la suerte, simple y llanamente. Un montón de horas sintiéndonos marionetas arrastradas por un huracán contra el que toda nuestra tecnología humana nada podía. A pesar de nuestro esfuerzo, e...